Mirando al cielo con asombro
Hace 166 años, un niño de ocho años miró al cielo con su padre desde Aragón y quedó impresionado por un eclipse de sol. Aquel pequeño era Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina unos años después.
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El 18 de julio de
1860, Santiago Ramón y Cajal tenía apenas siete u ocho años y vivía en
Valpalmas, en la provincia de Zaragoza. Aquel día, todo el pueblo esperaba un
fenómeno que entonces resultaba casi misterioso: un eclipse total de Sol. Cajal
lo recordaría muchos años después como uno de los acontecimientos decisivos de
su infancia.
Su padre le había
explicado que la Luna pasaría por delante del Sol y que el eclipse podía
calcularse con precisión. Pero el niño tenía sus dudas: ¿de verdad la ciencia
podía saber exactamente dónde estaría la Luna y cuándo ocurriría algo que
sucedía a millones de kilómetros? Cuando llegó el momento, el eclipse ocurrió
tal y como habían previsto los científicos.
Aquella experiencia
dejó una profunda huella en Cajal, que años después se convertiría en uno de
los científicos españoles más importantes y recibiría el Premio Nobel de
Medicina en 1906. Para él, aquel eclipse fue una especie de revelación:
descubrió que la ciencia podía ayudar al ser humano a comprender y predecir las
fuerzas de la naturaleza.
Mañana 12 de agosto,
otro eclipse total volverá a oscurecer durante unos pocos minutos el cielo de Jaca.
Quizá entre quienes lo contemplen haya también algún niño que, como aquel
pequeño Cajal, se quede mirando al cielo con asombro y empiece a hacerse
preguntas. No sabemos si entre ellos habrá un futuro científico, pero sí que el
espectáculo será una oportunidad para despertar la curiosidad.
MARGARITA / JACATIMES





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