Protegiendo los núcleos rurales
Daniel Gómez y Domingo Molina plantean en Jaca estrategias diferentes pero complementarias para recuperar el territorio quemado y reducir el riesgo de nuevos grandes incendios.
El gran incendio de Las Peñas de Riglos ya está apagado, pero las preguntas sobre qué hacer ahora siguen abiertas. Esta fue la cuestión central de la jornada «Incendio forestal: ¿Y ahora qué hacemos?», celebrada en el Ayto. de Jaca, donde los especialistas Daniel Gómez y Domingo Molina analizaron el futuro del territorio afectado y las medidas necesarias para afrontar nuevos incendios.
Daniel Gómez, biólogo vinculado al Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), defendió dar tiempo a la naturaleza para regenerarse y evitar intervenciones generalizadas. A su juicio, la prioridad debe ser proteger a las personas y los pueblos, corregir los daños provocados por la maquinaria de extinción, frenar la erosión y actuar solo donde existan riesgos concretos. También destacó el papel de la ganadería extensiva en el mantenimiento del territorio.
Domingo Molina Terrén, especialista en incendios forestales, puso el acento en la gestión activa del monte y la recuperación del mosaico forestal. Las masas excesivamente densas y continuas acumulan combustible y favorecen la propagación de los grandes incendios, por lo que planteó combinar clareos, desbroces, pastoreo y aprovechamiento de la madera con zonas de discontinuidad y áreas de protección alrededor de los pueblos.
Ambos expertos coincidieron en considerar las quemas prescritas como una herramienta que puede utilizarse en determinadas circunstancias y dentro de una planificación previa. Gómez las contempla como una posible respuesta ante la falta de ganado y otros medios tradicionales de gestión, mientras Molina las defiende para reducir de forma controlada el combustible y evitar que sea un gran incendio el que termine haciéndolo de manera descontrolada. La recuperación de una economía forestal fue otro de los elementos planteados.
La jornada abordó también la protección de los núcleos rurales y la organización ante las emergencias. El concejal de Medio Ambiente, Sergio Cajal, recordó la adquisición de 34 motobombas para los pueblos, con formación básica para los vecinos, y la elaboración de un Plan General Municipal de Emergencias. Molina defendió además que la participación de voluntarios se canalice mediante estructuras previamente organizadas y coordinadas con los servicios profesionales.
El debate puso finalmente de manifiesto las dificultades de los pequeños municipios para gestionar sus montes por falta de recursos económicos, técnicos y humanos. Se planteó la necesidad de apoyo supramunicipal y de recuperar una actividad económica ligada al territorio. La conclusión fue que prevenir futuros incendios exige combinar la protección de los pueblos, reducción del combustible, gestión forestal, apoyo a la ganadería y aprovechamiento de los recursos del monte, sin olvidar la capacidad de regeneración de la propia naturaleza.
MARGARITA / JACATIMES


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