De apellido a nombre propio
Los nombres de raíz aragonesa ganan terreno en toda España, pero hay uno que sigue siendo casi secreto: Salas, un nombre femenino que solo comparten 43 personas y que, además, se concentra íntegramente en nuestra provincia.
Los nombres inspirados en la tradición, la geografía o la
cultura aragonesa viven un momento de auge. Lo que durante décadas fue una
elección minoritaria —muy ligada al Pirineo oscense— empieza a abrirse paso más
allá de Zaragoza, Huesca y Teruel. Opciones como Lorién, Jara o Acher ya suenan
en colegios de distintas comunidades, en una tendencia que apunta a
consolidarse.
En paralelo, crece otra curiosidad: la conversión de
apellidos en nombres de pila. En ese terreno destaca un caso singular. Según
datos del Instituto Nacional de Estadística, solo 43 personas en todo el país
se llaman Salas, todas ellas en la provincia de Huesca y con una media de edad
de 24 años, lo que indica que se trata de una elección relativamente reciente.

El origen del nombre remite a la toponimia. Tal y como
recoge el filólogo Alberto Montaner, procede del plural de “sala”, con raíces
en el latín tardío y en lenguas germánicas, y alude a una vivienda o estancia.
En Aragón, además, está vinculado a lugares concretos como Salas Altas y Salas
Bajas, lo que refuerza su arraigo territorial.
También hay un componente simbólico y religioso. La Ermita de
Nuestra Señora de Salas, uno de los santuarios marianos más antiguos y
relevantes del Alto Aragón desde el siglo XIII, podría estar detrás de la
elección del nombre en algunos casos. En comarcas pirenaicas como la Jacetania
—con Jaca como referencia— no sería extraño que esta recuperación de nombres
con raíces propias siga creciendo.
LAURA / JACATIMES




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