Éxito ecológico irreversible
Treinta años después de las primeras sueltas impulsadas por Francia para evitar la desaparición del oso pardo en los Pirineos, la especie vive hoy una recuperación histórica que contrasta con los problemas de convivencia en las zonas de montaña.
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| ARCHIVO JT |
La población de oso pardo en los Pirineos alcanza actualmente entre 100 y 150 ejemplares, con un crecimiento anual cercano al 10 %, según los datos de seguimiento de las administraciones y colectivos implicados en la conservación de la especie. Aragón, que en los años noventa fue un “receptor involuntario” de la reintroducción iniciada por Francia, mantiene presencia estable sobre todo en los valles de Hecho y Ansó, donde este año se han detectado al menos ocho osos, la mayoría descendientes de las hembras Sorita y Claverina, liberadas en 2018.
La recuperación de la especie está considerada un éxito
desde el punto de vista ecológico y ambiental, ya que el oso actúa como
indicador de la buena conservación del hábitat pirenaico y también como posible
recurso para el turismo de naturaleza. Sin embargo, el proceso ha estado
marcado por episodios conflictivos, como el envenenamiento del oso Cachou en el
valle de Arán o la muerte de la osa Sarousse durante una batida de jabalí en
Ribagorza. A ello se suman las dificultades derivadas de la convivencia con la
ganadería extensiva y la preocupación por la consanguinidad en una población
todavía reducida.
Ganaderos de los valles occidentales reconocen que la
presencia del oso “ha llegado para quedarse”, aunque reclaman más apoyo y
planificación para evitar daños y garantizar el futuro del pastoreo de montaña.
En los últimos años Aragón ha reforzado las medidas preventivas con pastores de
apoyo, agrupamiento de rebaños, mastines, mejora de refugios y vallados o
ayudas económicas por res en zonas oseras. Estas actuaciones han permitido
reducir los ataques pese al aumento de ejemplares, después de que 2024
registrara el mayor número de incidentes de la última década.
La estrategia de conservación del oso pardo en los Pirineos,
coordinada entre varias comunidades autónomas y el Estado, persigue asegurar la
viabilidad a largo plazo de la especie, catalogada “en peligro de extinción”,
aumentando su población y distribución sin perder de vista la coexistencia con
las comunidades rurales y el mantenimiento de la actividad ganadera tradicional
en el Pirineo.
MARGARITA / JACATIMES





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