Un homenaje tan antiguo como la humanidad
Este domingo celebramos en Jaca, en España y en medio mundo el Día de la Madre, una jornada con raíces milenarias y fechas distintas según el país, pero con un mismo sentido: reconocer ese cariño silencioso y constante que, casi siempre, sostiene todo lo demás.
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El origen del Día de la Madre se remonta a las primeras
civilizaciones. En el antiguo Egipto se rendía culto a Isis, considerada la
gran madre, mientras que en Grecia y Roma las celebraciones giraban en torno a
Rea y Cibeles, divinidades asociadas a la fertilidad y la protección. Con la
expansión del cristianismo en Europa, estas tradiciones se transformaron y
pasaron a vincularse con la figura de la Virgen María.
En España, durante años, el Día de la Madre coincidía con el
8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción. No fue hasta 1965
cuando se fijó definitivamente en el primer domingo de mayo, separando así la
celebración religiosa de la jornada dedicada a la maternidad tal y como hoy se
conoce.
Aunque mayo concentra la mayoría de celebraciones del Día de
la Madre, no es una fecha universal. Noruega lo adelanta a febrero, Indonesia
lo retrasa hasta diciembre y en países como Rusia coincide con el Día
Internacional de la Mujer. En Corea del Sur, incluso, madres y padres comparten
protagonismo el 8 de mayo en el llamado Día de los Padres.
Más allá del calendario, el Día de la Madre es una excusa
—quizá insuficiente— para poner palabras a lo que a menudo se da por hecho: el
cuidado, la paciencia, las renuncias y ese estar siempre, incluso cuando no se
ve. Porque, en realidad, cualquier día del año debería servir para lo mismo:
levantar el teléfono, dar un abrazo o, simplemente, decir “gracias, mamá”.
MARGARITA / JACATIMES





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