Se agrava el peligro de incendios forestales
Un estudio del Observatorio Pirenaico de Cambio Climático confirma que nuestra cordillera se calienta por encima de la media: menos heladas, más días de verano y un impacto creciente en el agua, la nieve y los ecosistemas de montaña.
El Pirineo se ha convertido en un “amplificador térmico”.
Desde 1959, la temperatura media anual ha subido casi 2ºC, con un incremento
especialmente acusado en verano, cercano a los 3ºC. Solo en 2024, la media fue
ya 2ºC superior a los valores climáticos habituales, consolidando una tendencia
sostenida al alza.
Los cambios se perciben también en el calendario climático.
Cada década se pierden unos tres días de heladas y se ganan casi cinco días de
verano. En términos acumulados, la cordillera cuenta hoy con unas tres semanas
menos de frío y más de un mes adicional de calor, con olas cálidas más largas y
menos episodios de frío intenso.

Aunque las precipitaciones se mantienen relativamente
estables, el aumento de las temperaturas incrementa el estrés hídrico. Esto
eleva el riesgo de incendios forestales y obliga a reforzar la coordinación
entre territorios. El informe plantea medidas comunes, como protocolos
compartidos de emergencia, para mejorar la respuesta en un espacio
transfronterizo.
El calentamiento ya tiene efectos visibles en la alta
montaña: ibones más cálidos, menor duración del hielo y un deshielo más temprano,
agravado por episodios de polvo sahariano. Los glaciares reflejan el impacto
más extremo: han perdido alrededor del 96 % de su superficie desde el siglo XV
y podrían desaparecer por completo hacia 2050.




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