Fe, comunidad y mesa compartida
Hoz de Jaca, en el valle de Tena, vuelve a reunir cada Pascua a sus vecinos en torno a una tradición centenaria que mezcla fe y convivencia, manteniendo vivo el llamado Cumplimiento Pascual.
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Cada año, durante el
tiempo de Pascua, este pequeño pueblo pirenaico de apenas setenta habitantes
revive una costumbre que se remonta al siglo XIII: la confesión y comunión
anual que marca el calendario litúrgico. Lejos de diluirse con el paso del tiempo,
la tradición sigue teniendo un notable seguimiento entre los vecinos.
La jornada arranca con
la llegada de sacerdotes de distintos puntos del valle, que se trasladan hasta
la parroquia para celebrar una liturgia penitencial y atender las confesiones. La
escena, sencilla y reconocible, reúne a buena parte del pueblo en torno a un
acto que combina espiritualidad y arraigo.
Pero el Cumplimiento
Pascual en Hoz de Jaca no termina en la iglesia. Tras las celebraciones
religiosas, los vecinos se sientan a la mesa en una comida común que se ha
consolidado como parte esencial de la jornada. Más allá del rito, el día se
convierte en un espacio de encuentro y convivencia.
En un contexto marcado
por la despoblación, esta tradición refleja la fortaleza del tejido social en
los pequeños municipios del Pirineo. “Aprovechamos para hacer pueblo”, resumen
desde la localidad, donde la fe, la memoria y la vida compartida siguen siendo
el verdadero motor de continuidad.
MARGARITA / JACATIMES





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