Los Pirineos estuvieron muy cerca de organizar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030, pero las discrepancias entre Aragón y Cataluña frustraron una candidatura que el Comité Olímpico Español daba por viable y el Internacional veía con buenos ojos. Dos años después, los Juegos fueron adjudicados a los Alpes Franceses.
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La aspiración olímpica
no era nueva. Jaca lo intentó hasta en cuatro ocasiones —1998, 2002, 2010 y
2014— sin lograr el respaldo del Comité Olímpico Internacional. Con el
precedente de esas candidaturas fallidas y el hecho de que los Pirineos siguen
siendo la única gran cordillera europea que no ha acogido unos Juegos de
Invierno, el Comité Olímpico Español impulsó una propuesta más amplia de cara a
2030.
El modelo seguía el
patrón de las últimas ediciones: pruebas de nieve en la montaña y competiciones
de hielo —casi la mitad del programa olímpico— en una gran ciudad que, en este caso, sería Barcelona. Durante años se trabajó en una candidatura conjunta entre Catalunya
y Aragón, con reparto de sedes y disciplinas, pero no pudo ser.
Las discrepancias entre
ambos gobiernos autonómicos hicieron inviable el acuerdo. En junio de 2022, el
COE renunció a presentar oficialmente la candidatura ante la falta de
entendimiento institucional. La oportunidad quedó varada entre la cerrazón de los
políticos.
El 24 de julio de 2024,
el COI adjudicó los Juegos de 2030 a los Alpes Franceses. Mientras tanto, la
reciente ceremonia inaugural de Milán-Cortina del viernes nos ha vuelto a recordar el
potencial deportivo, económico y promocional de una cita olímpica que los
Pirineos tuvieron al alcance de la mano. Esta vez no fue una cuestión
deportiva, sino política.
MARGARITA / JACATIMES





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