Cada verano, la Vía Láctea regala uno de los espectáculos más asombrosos del cielo nocturno. Su momento álgido ya está aquí, y los cielos limpios del Pirineo ofrecen una de las mejores ventanas de observación del hemisferio norte. No hace falta telescopio: solo oscuridad, un poco de paciencia… y saber dónde mirar.
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La llamada “temporada de la Vía Láctea” coincide con los
meses en que el Centro Galáctico —la zona más densa y luminosa de nuestra
galaxia— es visible desde la Tierra. En el sur de Europa, especialmente en
zonas como el Pirineo, este fenómeno puede observarse desde abril hasta agosto,
con una visibilidad excelente durante las noches de verano.
Para disfrutar del espectáculo, es clave elegir bien el
momento. Entre mayo y julio, la Vía Láctea se ve mejor alrededor de medianoche;
en agosto y septiembre, justo después del anochecer. La luna nueva o las noches
con menos de un 30 % de iluminación lunar son las más recomendables. Cuanto más
oscuro el cielo, mayor el detalle que se percibe del arco estelar.
La ubicación también influye: conviene alejarse de la ciudad
y buscar zonas elevadas, con aire seco y limpio, donde la contaminación
lumínica sea mínima. Muchos fotógrafos y aficionados a la astronomía se
preparan con aplicaciones como Stellarium o Sky Guide para
localizar las mejores vistas sin necesidad de instrumental profesional.
Un buen truco para principiantes es localizar el “triángulo de verano”, formado por las brillantes estrellas Vega, Deneb y Altair. Este grupo de astros actúa como señal en el firmamento: la Vía Láctea pasa justo por su centro. Una guía perfecta para no perderse uno de los mayores espectáculos naturales del estío.
Para encontrar el Triángulo de Verano (Vega, Deneb y Altair) en el cielo desde Jaca, debes buscar hacia el este después del anochecer. Vega, la estrella más brillante del triángulo, será la primera en aparecer. Luego, busca a Deneb a la izquierda y Altair a la derecha de Vega.





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